Curadurías Invisibles.
lunes, 20 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Vargas, Heidegger y el absurdo... (desde la papelera de reciclaje...)
Carolina Vargas, mujer, nacida en Santiago de Chile, hija de padres burgueses, brillante autodidacta, artista anacrónica de extravagancia surrealista -propia de la vanguardia parisina de principios del Siglo XX-, hoy en día, ciudadana danesa y por suerte o por inexplicable coincidencia, una amiga...
Nos conocimos siendo compañeras de curso durante el primer año de la universidad, así, compartimos tardes de silencio, pintura y escritura, embriagadas por la atmósfera del jazz, de la que en esa época apenas estaba al tanto... Charlie Parker, Ornette Coleman, Louis Armstrong, Cortázar, Matisse, Kirchner, entre otros, formaban parte del rito cotidiano, en el que poco a poco me fui adentrando, otorgándole un sitio importante en mi propia vida.
Los años hicieron de las suyas, y las experiencias artísticas devinieron proezas espirituales que nos siguieron uniendo en torno a la yoga y la meditación... Mas, sus pasos se desplazaron a Europa y por esas cosas del destino, encontró en Francia a su actual esposo, con el que hoy en día vive feliz en Dinamarca.
Nos dejamos de ver hace mucho, sin embargo, el lunes 23 de Enero, por extrañas razones me hizo llegar una imagen a mi cuenta de correo, en la cual, lo único que divisé -fuera de manchas y colores-, fue su nombre... Por cuestiones de costumbre, pude percibir que quizá se trataba de una invitación a una exposición artística, mas, pude también estar equivocada, pues por ignorar el idioma en que venía escrito el texto, me confindí quizá, y éste más bien refería a una tarjeta de saludos y gratificaciones, a una postal de navidad atrasada, o a la inauguración de un restaurant o un bar que lleva su nombre.
Hoy en día, puedo pensar asimismo con mayor suspicacia, y creer que fue una broma de mal gusto o un simulacro, que se quería reír de nosotros -de las personas a quienes les envió la imagen- y de nuestra ignorancia del danés, o que hizo uso de un cartel intervenido para provocarnos, con la misma intención que impulsó a Duchamp hace mucho, a querer engañar al receptor.
De Vargas puedo esperarlo todo, siempre le ha gustado presumir de sus extravagancias, y claro, este acontecimiento me ha recordado a Heidegger, a Kafka y me ha hecho rememorar además, el sentido absurdo...
Heidegger decía "Se escucha lo que se sabe", de este modo, al no tener idea del lenguaje en que viene escrito el texto, bien poco puedo "saber", bien poco puedo entender, y bien poco puedo valorar... Entonces ¿para qué sirvió el ejercicio de Vargas, su correspondencia electrónica, el cartel con su nombre y su intención?... Sólo para crear un aura de misterio, para inscribir en la vida del otro una extraña y misteriosa provocación, que me atrevería a decir que en muchos de los casos fue lanzada a la papelera de reciclaje -por los demás receptores latinos-, como respuesta a su desvarío, de manera semejante a como yo lo hice hace unas semanas atrás. Y he ahí su obra, su intervención artística, su extravagante discurso que en el día de hoy es recuperado desde la papelera, para ahondar en él y en las posibles implicancias que porta consigo, en su absurdo e inutilismo, y en su triunfante redención, porque, imaginándome que aquello fuera una muestra artística real... ¡¿Qué persona que vive en América Latina tomaría un avión con destino a Dinamarca, y cambiaría playas con 35º de calor por hielo con -20º bajo cero, sólo para seguir a Vargas y visitar su posible exposición?! ¡Ninguna!... ¡Ninguno de mis amigos que en estos momentos goza del verano, cambiaría aquello por caminar sobre calles congeladas en busca de una exhibición artística!... ¡He ahí el absurdo, he ahí el intento inútil de avisarles o alertarlos con un cartel en danés a modo de invitación que nunca se va a concretar!...
En todo caso, la obra ya está hecha, la pieza está consumada mediante la provocación o la broma de mal gusto que nos jugó la excéntrica Vargas a través de un e-mail, pues aquello sí resonó, sí molestó, sí produjo una dislocación, una experiencia estética adscrita al desequilibrio frente a lo inentendible, al rechazo de su afiche e inscripción destinada al desecho... Cumpliendo el mismo destino que la obra vanguardista de principios del S.XX, cuando en su momento de aparición, su lenguaje no fue comprendido y su rechazo se extendió por todos los rincones de la tierra, para después ser validada como un "Referente Universal", sometiendo el imaginario de los seres del arte a su tiranía, lo que hasta el día de hoy se puede vislumbrar en los medios, en las traducciones vertidas como meros ejercicios manieristas. Mas, cabe preguntarse entonces si ¿será que en algún momento el danés de Vargas se transformará en un idioma semejante al de Picasso y el Cubismo?... La respuesta sólo nos la dará los años y los siglos...
Nos conocimos siendo compañeras de curso durante el primer año de la universidad, así, compartimos tardes de silencio, pintura y escritura, embriagadas por la atmósfera del jazz, de la que en esa época apenas estaba al tanto... Charlie Parker, Ornette Coleman, Louis Armstrong, Cortázar, Matisse, Kirchner, entre otros, formaban parte del rito cotidiano, en el que poco a poco me fui adentrando, otorgándole un sitio importante en mi propia vida.
Los años hicieron de las suyas, y las experiencias artísticas devinieron proezas espirituales que nos siguieron uniendo en torno a la yoga y la meditación... Mas, sus pasos se desplazaron a Europa y por esas cosas del destino, encontró en Francia a su actual esposo, con el que hoy en día vive feliz en Dinamarca.
Nos dejamos de ver hace mucho, sin embargo, el lunes 23 de Enero, por extrañas razones me hizo llegar una imagen a mi cuenta de correo, en la cual, lo único que divisé -fuera de manchas y colores-, fue su nombre... Por cuestiones de costumbre, pude percibir que quizá se trataba de una invitación a una exposición artística, mas, pude también estar equivocada, pues por ignorar el idioma en que venía escrito el texto, me confindí quizá, y éste más bien refería a una tarjeta de saludos y gratificaciones, a una postal de navidad atrasada, o a la inauguración de un restaurant o un bar que lleva su nombre.
Hoy en día, puedo pensar asimismo con mayor suspicacia, y creer que fue una broma de mal gusto o un simulacro, que se quería reír de nosotros -de las personas a quienes les envió la imagen- y de nuestra ignorancia del danés, o que hizo uso de un cartel intervenido para provocarnos, con la misma intención que impulsó a Duchamp hace mucho, a querer engañar al receptor.
De Vargas puedo esperarlo todo, siempre le ha gustado presumir de sus extravagancias, y claro, este acontecimiento me ha recordado a Heidegger, a Kafka y me ha hecho rememorar además, el sentido absurdo...
Heidegger decía "Se escucha lo que se sabe", de este modo, al no tener idea del lenguaje en que viene escrito el texto, bien poco puedo "saber", bien poco puedo entender, y bien poco puedo valorar... Entonces ¿para qué sirvió el ejercicio de Vargas, su correspondencia electrónica, el cartel con su nombre y su intención?... Sólo para crear un aura de misterio, para inscribir en la vida del otro una extraña y misteriosa provocación, que me atrevería a decir que en muchos de los casos fue lanzada a la papelera de reciclaje -por los demás receptores latinos-, como respuesta a su desvarío, de manera semejante a como yo lo hice hace unas semanas atrás. Y he ahí su obra, su intervención artística, su extravagante discurso que en el día de hoy es recuperado desde la papelera, para ahondar en él y en las posibles implicancias que porta consigo, en su absurdo e inutilismo, y en su triunfante redención, porque, imaginándome que aquello fuera una muestra artística real... ¡¿Qué persona que vive en América Latina tomaría un avión con destino a Dinamarca, y cambiaría playas con 35º de calor por hielo con -20º bajo cero, sólo para seguir a Vargas y visitar su posible exposición?! ¡Ninguna!... ¡Ninguno de mis amigos que en estos momentos goza del verano, cambiaría aquello por caminar sobre calles congeladas en busca de una exhibición artística!... ¡He ahí el absurdo, he ahí el intento inútil de avisarles o alertarlos con un cartel en danés a modo de invitación que nunca se va a concretar!...
En todo caso, la obra ya está hecha, la pieza está consumada mediante la provocación o la broma de mal gusto que nos jugó la excéntrica Vargas a través de un e-mail, pues aquello sí resonó, sí molestó, sí produjo una dislocación, una experiencia estética adscrita al desequilibrio frente a lo inentendible, al rechazo de su afiche e inscripción destinada al desecho... Cumpliendo el mismo destino que la obra vanguardista de principios del S.XX, cuando en su momento de aparición, su lenguaje no fue comprendido y su rechazo se extendió por todos los rincones de la tierra, para después ser validada como un "Referente Universal", sometiendo el imaginario de los seres del arte a su tiranía, lo que hasta el día de hoy se puede vislumbrar en los medios, en las traducciones vertidas como meros ejercicios manieristas. Mas, cabe preguntarse entonces si ¿será que en algún momento el danés de Vargas se transformará en un idioma semejante al de Picasso y el Cubismo?... La respuesta sólo nos la dará los años y los siglos...
lunes, 23 de enero de 2012
"Una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, incluso en pleno caos. Desde el principio nunca hubo otra cosa que el caos: era un fluido que me envolvía, que aspiraba por las branquias. En el substrato, donde brillaba la luna, inmutable y opaca, todo era suave y fecundante; por encima, no había sino disputa y discordia. En todo veía en seguida el extremo opuesto, la contradicción, y entre lo real y lo irreal la ironía, la paradoja. Era el peor enemigo de mí mismo. No había nada que deseara hacer que no pudiese igualmente dejar de hacer. Incluso de niño, cuando no me faltaba nada, deseaba morir: quería rendirme porque luchar carecía de sentido para mí. Consideraba que la continuación de una existencia que no había pedido no iba a probar, verificar, añadir ni sustraer nada. Todos los que me rodeaban eran unos fracasados, o, si no, ridículos. Sobre todo, los que habían tenido éxito. Estos me aburrían hasta hacerme llorar. Era compasivo para con las faltas, pero no por compasión. Era una cualidad puramente negativa, una debilidad que brotaba ante el simple espectáculo de la miseria humana. Nunca ayudé a nadie con la esperanza de que sirviera de algo; ayudaba porque no podía dejar de hacerlo. Me parecía inútil cambiar el estado de cosas; estaba convencido de que nada cambiaría, sin un cambio del corazón, ¿y quién podía cambiar el corazón de los hombres?" (Henry Miller, Trópico de Capricornio)
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